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Agua, alimentos y agricultura, nuestro futuro: Agronomía

  • Foto del escritor: SAUL ESPINOSA
    SAUL ESPINOSA
  • hace 17 horas
  • 2 Min. de lectura

El Día Mundial del Agua no es solo una fecha en el calendario: es un recordatorio de algo tan cotidiano que muchas veces dejamos de valorar. Abrimos la llave y el agua aparece, limpia, disponible, casi como si fuera infinita. Pero no lo es. Detrás de cada gota hay un sistema complejo de ríos, acuíferos, lluvias y esfuerzos humanos que la hacen posible. En muchas partes del mundo —y también en algunas regiones cercanas— el acceso al agua sigue siendo un privilegio, no una garantía. Pensar en el agua es pensar en la vida misma: en la salud, en la alimentación, en la dignidad. Sin agua, simplemente no hay desarrollo posible.



Hoy, además, el contexto nos obliga a mirar este tema con más seriedad. El cambio climático está alterando los ciclos naturales, provocando sequías más largas, lluvias más intensas y una incertidumbre creciente.


En este punto, vale la pena detenernos en algo fundamental: la relación entre el agua y la agricultura. No hay forma de hablar de alimentos sin hablar de agua.

Cada cultivo, cada cosecha, cada alimento que llega a nuestra mesa depende de este recurso. La agricultura consume la mayor parte del agua disponible en el mundo, lo que la convierte también en una de las áreas con mayor responsabilidad —y oportunidad— para hacer un uso más eficiente.



Los agrónomos no solo trabajan la tierra: entienden el equilibrio entre suelo, agua, clima y cultivo. Son quienes pueden diseñar sistemas de riego más eficientes, proponer cultivos más resistentes a la sequía o implementar prácticas que conserven la humedad del suelo. Su trabajo es silencioso, pero esencial. En un mundo donde el agua será cada vez más limitada, formar agrónomos con visión sostenible ya no es opcional, es urgente.


Además, el tema va más allá de la producción. Cuando falta el agua, no solo se pierden cosechas: aumentan los precios de los alimentos, se afectan las economías rurales y se profundizan las desigualdades.


Hablar de agua es también hablar de justicia. De quién tiene acceso, de quién no, y de cómo podemos construir sistemas más equitativos.


El agua no es infinita: reconocer su valor es el primer paso para cuidarla, en esa labor la agricultura y la agronomía son claves para usar el agua de forma eficiente y sostenible.


Garantizar el acceso al agua es también una cuestión de equidad y futuro global...


Saúl Espinosa Zaragoza

Facultad de Ciencias Agrícolas de Huehuetán

Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas




 
 
 

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